
¡Dejen de luchar contra el moho en el baño! Una forma más inteligente de utilizar el calor
La mayoría de las personas piensan que esas lámparas de calor que hay en el baño sirven solo para evitar que uno tiemble mientras se viste. Pero si lo consideramos desde un punto de vista ingenieril, en realidad son herramientas muy eficaces para combatir la humedad.
El secreto está en la longitud de onda de la luz. En lugar de calentar simplemente el aire, como hacen la mayoría de los calefactores, la luz infrarroja actúa directamente sobre las superficies, como los espejos y los azulejos de las paredes.
Imagínense esto: cuando la superficie del espejo se mantiene caliente, el agua no puede acumularse sobre ella. Sin condensación, no hay agua estancada. Y como el moho necesita esa humedad para sobrevivir, en realidad estamos impidiendo que las esporas prosperen.
Es una manera mucho más rápida de secar los espacios. Se obliga a la humedad a evaporarse de nuevo en el aire, de modo que los sistemas de ventilación puedan eliminarla del ambiente.
Pero no basta con colgar en el techo la bombilla más potente que haya. Si se utiliza demasiada potencia sin considerar la altura de instalación, se crearán puntos calientes. En los peores casos, ese tipo de calor puede derretir los accesorios de plástico baratos o dañar la cola que sujeta el espejo. Hay que encontrar el equilibrio adecuado: suficiente calor para secar la habitación, pero sin llegar a dañar la casa.
¿Cuál es la mejor manera de hacerlo? No dejar las lámparas encendidas las 24 horas del día. Eso sería un desperdicio de energía y haría que las bombillas se dañaran rápidamente.
En lugar de eso, conectéelas a un temporizador o a un sensor de humedad. De esta manera, el calor solo se activará cuando realmente haya humedad en la habitación. Así, el baño permanecerá seco, ahorrarán dinero en la factura de la electricidad y no tendrán que reemplazar las bombillas cada pocos meses.